CAPÍTULO SEGUNDO

Sucesos comprendidos en los años 1985 a 1991.

LA CRISIS

Me encontré repentinamente de vuelta a casa, como si todo lo vivido anteriormente hubiera sido producto de un sueño. Todas las fuerzas que albergaba en mi interior se fueron, no sé bien dónde. Me sentía vacío, un hombre hueco. Un sentimiento de fracaso y de culpabilidad se apoderó de mí. Revisaba en mi interior, una y otra vez, lo sucedido. De la nada de mis fuerzas emergió una extrema sensibilidad a todo lo que en mi comportamiento había sido reprobable. Comprendí lo injusto y falto de amor de todo juicio, y pedí perdón de corazón por todo el daño que hubiera podido causar con mis palabras y pensamientos. Entré en una profunda crisis y pude aprender de ella. Encontré nuevos valores sobre los que construir una nueva vida. Me volví una persona más comprensiva y humilde que antes.

Pero la culpabilidad minaba mis fuerzas. ¿Qué habrá sido de esa Causa merced a la cual tanta gente iba a ser beneficiada? ¿Qué oposición encontrará el Mal en el alma de las personas cuando llegue en su nueva forma? Después de pasado casi un año, que me pareció un siglo, había perdido toda esperanza de volver a contactar con mi amigo.

EL REENCUENTRO

En ese tiempo, un pariente mío me ofrece trabajo.

—Te vendrá bien. Es al aire libre, en el campo. Trabajarás en un laboratorio situado en una granja de animales —me dijo.

No sé bien cómo pasó, pero ese trabajo de laboratorio fue solo complementario, y verdaderamente acabé trabajando cuidando cerdos en una granja, tal y como Jimmy predijo.

Era a mediados de 1986 cuando recibí una llamada de teléfono. Un antiguo compañero, me anunciaron. Alguien se presentó a través de la línea. Era Demian. Me preguntaba si le conocía de algo. Le dije que sí. Mi sorpresa era inmensa, también lo era mi alegría. Me interrogaba ansioso qué sabía acerca de él, ya que no se acordaba apenas de mí. Fueron necesarias muy pocas palabras para que se percatase de que sucedía algo que no controla.

—Pareces saber quién soy yo —me dijo—. Tenemos que vernos.

Viajamos para vernos. Después de saludarnos me contó que todo en su vida encajaba perfectamente, excepto el hecho de que varios compañeros de universidad le preguntaban por mí, como si yo hubiese sido un amigo íntimo. Eso le parecía raro, pero no le acabó dando demasiada importancia.

Aquel año vivía en un apartamento y sucedió algo que le hizo pensar. Una noche se disponía a salir del edificio pero, inesperadamente, cambió de rumbo y entró en un piso vecino. En él varios adolescentes estaban celebrando una orgía de sexo y drogas. Les convenció, con esa manera que mi amigo tenía de hablar, de desistir de esa manera insana de enfrentar la vida.

—Me preguntaba una y otra vez: ¿por qué he actuado así? Los motivos que me impulsaron a actuar de esa manera me eran desconocidos. Reflexioné, y tú eras lo único que no encajaba en mi vida. Por eso te llamé —dijo Demian.

Con sumo gusto le conté todo lo que sabía sobre él. Le sorprendió comprobar que conocía muchos de sus secretos, cuestiones que solo un amigo muy íntimo podía saber. No conocía a ningún Jimmy. Estuvimos juntos todo el día hablando extensamente.