INTRODUCCIÓN

Cuando en 1998 encontré la Antroposofía una suerte de alivio inundó mi alma. Aquel primer libro hablaba del Mal de una forma que creía necesario debía mostrarse. Se exponían materias sorprendentes de las que nunca antes había oído hablar. Trataba, igualmente, de otros temas que me resultaban más familiares. Alguno de ellos estaba relacionado con mi propia vida, una vida escondida que jamás imaginé poder divulgar. La principal de todas esas cuestiones conocidas hacía referencia a la encarnación de Ahrimán, cuyo nacimiento el autor del libro situaba en «América en la segunda mitad del siglo XX»2.

Me introducía también a una ciencia espiritual cuya aparición esperaba en un tiempo futuro. Yo soñaba con algo así, y ahora ese sueño se había convertido en realidad. Una alegría sin límite se unió al necesitado alivio en un encuentro característico con la Antroposofía. Bebí de sus fuentes hasta curar mis heridas, convencido de que nada tenía que aportar que fuera de importancia.

Tiempo después pude darme cuenta de que no se tenía información precisa que situara la encarnación de Ahrimán en el tiempo actual. Nadie parecía poder hablar con propiedad de este asunto a pesar de su importancia.

Catorce años después del final de lo que hasta aquí se ha relatado, comienzo este proyecto de escribir acerca de unas vivencias que, mientras lo fueron, nunca pensé que algún día llegarían a hacerse públicas: seguro estaba de que morirían conmigo.

Dos eran los motivos que así me lo aconsejaban. En primer lugar, nunca creí que nadie que no hubiera vivido estos sucesos de manera directa, tal y como yo lo había hecho, podría llegar a considerarlos en su verdadera dimensión. Después siempre me atenazaba la duda de si con su divulgación podría perjudicar una iniciativa de la cual ya no participaba.

A pesar de que en la actualidad estos dos motivos siguen vivos, pero en la creencia personal de que el segundo de ellos forma parte de un drama que difícilmente se pueda perjudicar más, he decidido publicar lo más importante de estas vivencias con la esperanza de poder trasladar a otras almas lo que vive en la mía desde hace largo tiempo, con la desprotección y sinceridad que dan los años, convencido de la verdad que expresan estas palabras.

En las páginas que siguen se habla sobre la encarnación de Ahrimán. No me resulta posible hablar de ello sin mencionar la entidad que, en su más pura oposición, está relacionada con aquella otra sobre la que Ahrimán ha encarnado. No me es posible.

En este libro no hay un conocimiento adquirido por parte del autor con especiales capacidades. Más bien se trata del relato de una parte de mi vida. Es así de sencillo, y no por ello menos importante. Por otra parte, no sería válido exponer lo que he de decir de otra manera. Cualquier otra forma faltaría a la verdad. Y no se ha de perder de vista la única característica que puede hacer importante este escrito, esto es, que lo que aquí se dice es cierto.

Con lo dicho ya se intuye cuál ha sido el motivo original que me ha inducido a hacer público estas páginas a pesar de poder imaginar muchas de las objeciones que se le puedan hacer. Ese motivo no es otro que la conciencia clara de que lo que aquí se expone es una fiel imagen de la realidad. Se describen, pues, hechos verdaderos. Pero hay algo más. Algo tan importante, si no más, que lo anterior. Es ese sentimiento de verdad por el que uno se deja guiar, ese mismo sentimiento que es probado a lo largo de toda una vida y que me ha acompañado durante más de veinticinco años reafirmando una y otra vez lo vivido, lo pensado, lo interpretado.

Reconozco la dificultad de trasladar todo esto a través de la escritura. No puedo menos que lamentarlo y espero que el lector pueda excusarme. Excusarme por pretender forzarlo a encontrar algo objetivo y, por lo tanto, de alguna validez para su vida a través de lo vivido por mí, a través de mi propia e inevitable subjetividad. Espero que en lo que sigue pueda hallar algo de provecho.

Y si en un lado de la balanza ese argumento me insinúa al oído la nulidad de todo esfuerzo, en su contrario pesa sobradamente el mejor de todos los argumentos: la completa seguridad en que me hallo de que lo que aquí se expone es verdadero. Con esto creo que quedan claras las razones que me han llevado a escribir el presente libro.

El autor

Octubre de 2011

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2. Trevor Ravenscroft, Hitler: La Conspiración de las Tinieblas. Título original: The Spear of Destiny.