NOTAS

(7) Bernard Lievegoed nos acerca al tema de la incorporación al hablar del Bodhisattva en su obra póstuma Sobre la Salvación del Alma:

Un Bodhisattva no se encarna como ser humano, actúa desde el mundo espiritual sobre ciertas individualidades humanas. En la ciencia espiritual eso se denomina ´incorporación´. Naturalmente que las individualidades humanas elegidas por un Bodhisattva tienen que haber alcanzado cierta madurez espiritual para posibilitar tal incorporación.

En la conferencia de Karlruhe del 14 de octubre de 1911 Steiner aclara lo que es denominado «incorporación» por la ciencia espiritual:

La investigación oculta comprueba que nadie muestra, en su juventud o temprana infancia, una naturaleza que corresponda a la del Bodhisattva, ya que es característica suya el que siempre se produzca un gran viraje en determinado momento de la vida. Al encarnar alguna individualidad de la antigüedad brumosa, como la de Moisés por ejemplo, no tiene lugar el proceso que caracteriza la individualidad de Cristo, es decir, el abandono de sus envolturas por Jesús Nazareno. En el caso del Bodhisattva habrá, en efecto, cierta sustitución, pero sin que deje de persistir en cierto modo la individualidad anterior. La nueva individualidad que entonces toma cuerpo procedente del remoto pasado y que ha de aportar nuevas energías para la evolución de la humanidad, viene a sumergirse en la encarnada, y gracias a esta inmersión se produce en ella una portentosa transformación, particularmente entre los treinta y treinta y tres años de vida. Siempre prevalece la particularidad de que, antes de que tenga lugar esta transformación, no es posible identificar el cuerpo del que tomará posesión el Bodhisattva. Nunca hay indicios en los años juveniles, puesto que la característica de esa elevada personalidad es precisamente la diferencia que existe entre los años posteriores y los de la juventud.